5.- FEUDALISMO Y TÉCNICA PREINDUSTRIAL.
No puedo extender el análisis de la evolución de la técnica en la alta edad media y menos aún en los llamados "siglos oscuros" que la precedieron, como tampoco fuera de Europa, es decir, en China, India y las amplias y decisivas tierra liberadas al cristianismo por la cultura arabo-musulmana que fue en sus inicios, hasta los siglos XI-XIII un verdadero movimiento progresista y emancipador dentro de los límites históricos insalvables. Volviendo a Europa, conviene recordar la desesperante lentitud de los adelantos técnicos en la agricultura, pues, en palabras de J. Le Goff: "Es de aproximadamente cuatro siglos (IX-XIII) el tiempo que tardan en difundirse inventos como el arado de rueda y vertedera y nuevas técnicas como la rotación trienal de los cultivos" (51). Las razones de esa parsimonia han sido estudiadas por casi todos los autores (52) y no tenemos tiempo para explayarnos en ellas aunque debo detenerme en la tesis de L. White sobre el concepto medieval de una tecnología de la energía, según el cual y proveniente de culturas extraeuropeas como la nacida en la India del siglo XII sobre el movimiento perpetuo:
"A mediados del siglo XIII, en consecuencia, un grupo considerable de mentes activas, no sólo estimuladas por los éxitos tecnológicos de las generaciones recientes, sino también orientadas por el fuego fatuo del movimiento perpetuo, empezaban a generalizar el concepto de fuerza mecánica. Iban admitiendo la idea de que el cosmos era un vasto repositorio de energías controlables y utilizables conforme a intenciones humanas. Tenían conciencia de la energía hasta un punto rayano en la fantasía. Pero sin esa fantasía, sin una imaginación de alto vuelo, la tecnología de la energía en el mundo occidental no se habría desarrollado. Cuando Roger Bacon, el amigo de Pedro de Maricourt, escribió allá por el 1260: "Es posible construir máquinas gracias a las cuales los barcos más grandes, con sólo un hombre que los guíe, se desplazarán más rápidamente que si estuvieran repletos de remeros; es posible construir vehículos que habrán de moverse con velocidad increíble y sin ayuda de bestias; es posible construir máquinas voladoras en las que un hombre... podrá vencer al aire con alas como si fuera un pájaro... las máquinas permitirán llegar al fondo de los mares y los ríos", no hablaba por su cuenta sino en nombre de los técnicos de su época" (53).
Pero estos técnicos estaban sometidos a unas presiones crecientes de los poderes establecidos en lo que respecta a la relación entre la técnica y la guerra, relación que venimos siguiendo con necesario interés. Pues bien, precisamente en la época de Roger Bacon se estaba acelerando el proceso de financiarización de la guerra, pues en palabras de P. Contamine: "El dinero es el intermediario casi obligado entre el poder y los guerreros. Según el testimonio de los propios contemporáneos, este fenómeno se fue acelerando a partir de mediados del siglo XII (...) Esta irrupción del dinero debe relacionarse, sin duda, con el fenómeno que se ha denominado 'revolución comercial' (...) a la mayor abundancia de moneda se le añadió el hecho de que reyes y príncipes supieron hacer crecer a ritmo parecido, si no mayor, sus disponibilidades pecuniarias. Y ello lo hicieron de tres modos fundamentales: gracias a sus recursos dominiales, en plena expansión, a una fiscalidad pública que se fortalecía y se diversificaba y, finalmente, merced a las conmutaciones de los servicios militares por pagos en metálico" (54). La financiarización de la guerra tendrá, como iremos viendo, consecuencias directas y cualitativas sobre la evolución técnica y ambas, sobre la evolución científica.
Sin embargo, la revolución comercial no tuvo un impacto tan directo y rápido en la técnica civil, pues hizo falta que sucediera lo que G. Duby ha definido como "la mutación del siglo XIV" (55) y en especial, dentro de esta, el aumento de las relaciones monetarias entre los campesinos y los comerciantes urbanos para que se sentaran las bases de un florecimiento a partir de la segunda mitad del siglo XV. Uno de los efectos de esa mutación fue el de permitir que los inventos técnicos lentamente acumulados entre los siglos IX-XIII, pudieran dar un salto forzados por la ley de la productividad del trabajo. Bernal dice que: "La agricultura y las artes prácticas mejoraron aún más, como veremos, por los adelantos conseguidos en Oriente y por las propias invenciones indígenas. Esta mejora se orientó hacia la sustitución de la acción humana por la acción mecánica y de la energía del hombre por la fuerza animal e hidráulica. Es cierto que la artesanía medieval no consiguió nada que no hubieran podido realizar los artesanos griegos o romanos, pero a estos les faltaba el incentivo de aquellos: la necesidad de realizar mayor trabajo con menos esfuerzo humano" (56). Semejante incentivo existente en la Europa de aquellos siglos y no en la del esclavismo romano, como hemos visto anteriormente, nacía de las exigencias de la ley del valor-trabajo que ya crecía fieramente unida al crecimiento simultáneo de la economía mercantil y de sus exigencias a los artesanos.
Mientras tanto, la separación entre 'sciencia' y 'ars' era algo socialmente admitido, como se confirmo en las discusiones entre los arquitectos franceses y los albañiles lombardos durante la construcción de la catedral de Milán en el siglo XIV (57), por poner un ejemplo. Pero según avanza el siglo XV, y en estrecha unión con el crecimiento de la economía comercial, ocurre que, con palabras de L. Mumford: "el invento y el control estricto obraron recíprocamente" (58). ¿Qué quiere decir "control estricto"? Pues que la sociedad europea ya no estaba en condiciones de seguir pensando la temporalidad con la laxitud de los siglos medievales, sino que desde la irrupción del capitalismo comercial el tiempo iba adquiriendo un valor económico creciente que exigía un "control estricto" creciente. Todos conocemos la importancia que Mumford otorga al reloj -"El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina-clave de la moderna edad industrial" (59)- y tiene razón porque el reloj es el definitivo instrumento del poder para maximizar la ley de la productividad del trabajo.
(51) Jaques Le goff: "Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval", Altaya, Barcelona 1999, pág. 156.
(52) Manuel Riu: "La alta edad media, del siglo V al siglo XII". Montesinos, Barcelona 1985. Robert Fossier: "La infancia de Europa", Nueva Clio, Barcelona 1984. John H. Mundy: "Europa en la alta edad media 1150-1309". Aguilar, Madrid 1980. Emilio Mitre: "Introducción a la historia de la Edad Media europea", Fundamentos nº 56, Madrid 1976.
(53) Lynn White: "Tecnología medieval y cambio social", Paidós, Buenos Aires 1973, pág. 151.
(54) Philippe Contamine: "La guerra en la edad media". Nueva Clio, Barcelona 1984, págs 114-127.
(55) George Duby: "Economía rural y vida campesina en el Occidente medieval". Altaya, Barcelona 1999, pág. 460.
(56) John D. Bernal: "Historia social de la ciencia". Península barcelona 1968, Volumen Iº, pág. 244.
(57) Jaques Le Goff: "Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval", ops. Cit. Pág. 143.
(58) Lewis Mumford: "Técnica y civilización". Altaya, Barcelona 1998, Volumen I pág.56.
(59) Lewis Mumford: "Técnica y civilización". Ops. Cit., pág. 31.